domingo, 16 de enero de 2011

Sail Away.

 Su encuentro se fundió en la niebla de una Barcelona en penumbras. Una pesadumbre de ultratumba ahogó la calle Garcia, y a ellos junto a ella.
 Sus caras mostraban facciones cansadas y rendidas, su brillo habituál se desvaneció junto a la luz de la escena. Todo sucumbia bajo la oscuridad. Las únicas luces que tenían el valor asomar eran las de sus cigarrillos, y alguna ventana atrevida, decidida a romper la oscuridad con sus propias manos. Ésta no se dejó ceder.

 Una conversación inaudible fluía entre ellos. No eran sus bocas las que hablaban, eran sus ojos.
 Ojos que una vez emanaron luz, fuego y agua, ahora luchaban por no hundirse en tristeza. Un silencio espeso parecía rodearlos, silencio impuesto, silencio generado. No había más que hablar.

 De una ventana en especial se escuchaba música. Música que él reconoció, y Ella ignoró. Me arriesgo a decir que eran los Rolling Stones, jóvenes y capaces aún. No es importante.

 La despedida arrivó al encuentro. Se me antoja una tormenta de verano, rápida e inesperada.
 Sus ojos dejaron de encontrarse, perdieron el eje. Los de Ella no evitaron fundirse en lágrimas, siquiera lo intentaron. Él intentó acompañarla, pero recordó que había perdido la capacidad de llorar, y que lo único que se le fundía era el corazón.

 Recién ahora los cuerpos aparentemente inmóviles asoman los primeros movimientos.
 Ella lo abraza, él accede sin pensar, le besa el cuello, y se lleva la escencia de su perfume en el alma, guardándola en una caja y anclándola ahi.

 Se dicen "te amo", se despiden, y se van. Toman direcciones opuestas en la penumbra barcelonés. Él, encendiendo otro cigarrillo, se da la vuelta por última vez para guardar esa imagen, que ya no está.

jueves, 13 de enero de 2011

Meheperdido.

Lo intenté por tercera vez,
me enfundé en mi traje beige,
miré hacia el suelo y me santigüé,
te encontré entre los escombros. 

Y aún quedaba un muro en pie, 
te vi apoyada en él y creo que 
lo hacías para no perder la fe, 
el Cristo en la pared se encogió de hombros. 

Y tú con tu voz, 
esa voz y tu pálida piel, 
con el brillo en tu pelo del trigo, 
con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo. 

Pasaste estos últimos inviernos 
al calor de un infierno 
construido en el amor 
para acabar en demolición. 

Me dices: ahora ya estás advertido, 
no te fíes de un animal herido. 
¿Y qué te iba diciendo yo? 
Me he perdido. 

Lo intenté siete veces más, 
quería ver lo que hay detrás 
de tu imperturbabilidad 
y abrir tu puerta de cuarenta y tres candados. 

Te adiviné en tu balcón 
silbando una larguísima canción, 
pensando es esto lo correcto o no, 
así que hice chas y aparecí a tu lado. 

Lo sabes, ahora ya estás advertido, 
no te fíes de un animal herido, 
y yo, descuida, le mentí, 
soy un experto cazador. 

¿Lo has visto? Es mi mundo derruido, 
lo que hoy es puro mañana está podrido. 
¿Y qué te iba diciendo yo? 
Me he perdido. 

Mátame si ya no te soy de utilidad, 
mátame tras leer el mensaje, 
pero ahora me desnudaré 
sin quitarme el traje. 

Lo he visto, este mundo al derrumbarse, 
que lo natural es odiarse, 
me dijiste, he de reconocer, 
con cierta convicción. 

Y entonces entonaste dulces gritos, 
comenzó el más viejo de los ritos. 
Fuiste tú, fui yo, 
sencillamente fue algo superior. 

Y añadiste, si lo hacemos tonto mío, 
pues hagámoslo como es debido. 
¿Y cómo es eso?, pregunté. 
Y tú me dijiste: justamente así no

Y paraste, me lo tengo prohibido. 
Y yo protesté empapado y más que aturdido, 
y ahora sí que sí que yo 
me he perdido. 

Que ahora sí que sí que sí 
que sé que me he perdido, 
porque sólo es pensar en ti y acabar perdido, 

porque sólo con pensar en ti me pongo perdido.

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final?
Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar?


lunes, 10 de enero de 2011

AC

 Poeta maldito si los hay, capaz de retratar los momentos más oscuros del propio ser en pocas palabras y sin resguardo. Hombre de cien rostros, y no tantos corazones, que durante sus años de encierro auto-inducido luchó contra su propia alma descifrando qué hay escrito allí.
 Familiarizado con melodías pegadizas y tintes populares, también puede juntar toda su creatividad con los géneros no tan populares, como serían el blues, o el verdadero reggae. Y transformarlos en vivencias y sentimientos, que pueden hacer brotar una mueca cómplice a cualquiera.



Comañero de tristezas y compinche de dichas.
 No lo creo tan complicado el asunto. Era obvio que cualquier decisión sobre esto la tenías que tomar vos, por mi falta de criterio. Espero que seas rígida con la que tomaste, y te dure todo el tiempo que lo necesites, y sinó, para siempre.
 Espero también uses ese tiempo para pensar por fin en lo más importante que tenés, vos misma.

No dejes nunca que alguien te haga dudar sobre lo especial que sos.

Buena suerte, y hasta luego.

domingo, 9 de enero de 2011

Dream Away II

Creo que inconscientemente, cuando escribía el texto anterior, pensé y evalué una segunda parte. Ahora puedo relatarles la caída. Por algo está tan vagamente explayada.

 Todos los sentidos se recobran cuando pisás el vacío. Es demasiado aire para una sola bocanada, los pulmones colapsan el tórax, y la presión es insoportable.
 El gusto vuelve para hacernos sentir un sabor ácido, sentís un líquido espeso en tu boca, amargo como la hiel. Baja de a poco por la garganta, quema y arde como si fuese puro oro fundido.
 Crees que la vista no volvió, que tenés los párpados aún pegados... no es así. Están abiertos, más abiertos que nunca, pero ya no tienen nada que mirar.  Están, pero no tenés el control.
 De a poco, la vuelta del tacto te hace sentir el aire helado y tedioso que te envuelve... un trillado sentimiento de escalofrío recorre todos y cada uno de tus huesos y músculos durante la caida.
 Los oídos no tienen nada que hacer, el viento los aturde por la velocidad. El zumbido es insoportable, atraviesa los tímpanos y los hace sangrar. Ahora esperás que la sangre empiece a recorrer tu nuca, pero, no está ahí. Tu sangre no está.
 En cambio, un humo espeso y oscuro sale... el olor se torna insoportable, como a cable quemado?, bueno, algo así. Supongo que la respuesta a este olor refiere al cerebro, esforzándose al punto de saturación para procesar tantas repentinas emociones. Éste se cansa, y se va volando junto al humo.
 Quedás vacío.

 Esperás el impacto, como alivio más próximo a tal martirio. Cuando finalmente llega, no queda nada de vos que pueda destrozarse contra el frío suelo. Es inútil.

Por ahora al menos, no queda mucho por hacer.


- 13/12/10 -