lunes, 17 de octubre de 2011

 Conocés ese objeto, esa obsesión que todos tenemos, que mientras más consumimos, peor nos sentimos? Hablo de cualquier cosa, cualquier categoría... un cigarro, un porro, las hamburguesas de Mc' Donals, el sexo, la buena bebida (o la mala), una linea de coca, la sal, el azucar... la plata. Todo, absolutamente todo lo que nos genera felicidad de una manera picarona, en exceso desgarra tejido. Nada nos libera de nuestro nombre, nuestras relaciones, nuestra carrera, nuestro trabajo ni de nuestros pasados.
 Lo material es efímero, mediocre y opaco. Lo que no podemos sentir, ni tocar, ni cotizar, es el motor que nos impulsa. Tracción a sangre. A la vez, en este tiempo siento que una simple flor puede darme primavera, y un mismo vaso mil lagunas. Que asco el silencio entre conocidos, que pena que pasa el que niega su amor al querer más a su soledad.

 Qué tono misterioso tomamos todos al hablar del amor, no? De ese pendejo mal criado que no quiso aprender a controlarse, y hoy anda por ahí dejándose llevar. Metiendo y sacando muy despacio el dedo del orto de los simples transeuntes de este planeta. O sea, vos vas tranquilo haciendo como podés tu vida, y de pronto, Pum!, tenés un dedo metido bien en el orto. (Si, así de gráfico)
     
Cagaste, estás enamorado.

 Yo vengo tranquilo con las cosas... dejé el juego, ya no apuesto... me conformo con lo mediocre que está todo en mi vida. Ni BIEN, ni MAL. Cero.
 Te acordás del momento en que tu viejo te decía "Cuidá bien a tus amigos, que son los que siguen los pasos de uno...", y por supuesto no valorabas como él ésas palabras?. Les digo "palabras con Delay"... porque pasa un buen tiempo hasta que surten efecto. Amigos como estatuas en su aposento, reposando en sus laureles eternos.

1 comentario:

  1. Me gusta porque recurrís al campo semántico de la ANATOMÍA y me parece BIEN. Así como los médicos clínicos describen enfermedades puramente físicas, vos barrés los oscuros fondos de la psique en busca de una luz. Así como la pequeña y osada mojarrita, pez entre los peces, decide descender en el océano hasta toparse con aquella luz que inevitablemente se alimentará de sus dudas.

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